Monday, September 12, 2011

La memoria e isla Juan Fernández

Foto de Steve Crye
En días como hoy (luego de la tragedia de Juan Fernández en Chile) vuelvo a pensar en la obsesión por la memoria, una obsesión que se hace a paso de tortuga, digno de un antiguo humano recolector que busca con paciencia su comida. La labor de guardar la memoria no es algo exclusivo de historiadores o documentalistas,
es una obsesión humana que al parecer nos ha seguido desde el momento del “Yo” primigenio creando artefactos y ritos, que ha mutado y se a veces se ha envilecido por alguna versión parcial del recuerdo, mientras algunos tratan la memoria intentando reflejar imparcialidad de juicios, otros sólo concadenan hechos y el resto intenta plasmarle un sentimiento a la remembranza.

La memoria no es exclusivo de un lado político, pero esta palabra se ha utilizado mucho por la izquierda chilena, como contraste a la historia oficialista dictatorial y postdictatorial, pero el concepto no debería ser exclusivo de un grupo, sino también perteneciente a todo quien quiera darle una calidad más personal al recuerdo, colocando un punto de vista que ablande la dureza del dato puramente objetivo.

¿Pero de dónde sale esta obsesión por guardar cosas (acumulación de datos y hechos), crear historias (formas de recuerdo), o cualquier manera de plasmar la existencia?

Antes de intentar despejar incógnitas, me gustaría revisar la manera en que mostramos nuestra tristeza, en oscuras ceremonias llenas de velas y murmullos -obligados por siglos de tormento eclesiástico que han dictado el orden y forma de todo- por la perdida de un cercano. Sin embargo, hay otro hecho que quizá es más común a todos, en este no existe sólo el esfuerzo en recordar al fallecido, sino también un esfuerzo para que la versión bondadosa de la persona sea la que destaca y prevalezca -creo que hasta al cura karadima (ilustre pedófilo chileno) se le caracterizará como un hombre de bien en su muerte- lo malo es que todo lo demás está censurado, toda otra versión esta prohibida, casi a riesgo capital. No creo que se explique por un acto de respeto, si no por la aparición de la conciencia sobre lo que ocurre, es una conciencia real, la percepción de que algo queda patente fuera del tiempo limitado de paso por la historia, conciencia de que uno también será recordado por los mismos métodos, en que tu marca se ve tanto en ámbito particular como general. Punto aparte es el respeto real, por el que sufre la pérdida quedando sólo con sus golpeados sentimientos, y no la actitud de mostrarle pseudo-respeto a algo que ya no es.

Extrañamente, con más velocidad que reflexión, estas ceremonias o duelos se convierten en el relato personal de las experiencias con el fallecido, transformando rápidamente al(los) relator(es) en prima ballerina del ballet del momento, haciendo esfuerzos por recordar más y más cosas para no perder la atención de los que atentamente admiran al verbalizador de tanta maravillosa anécdota (en el caso de las televisoras, si se aprovecha para cobrar ¿será ético?). Luego quizá estos artistas serán igual de recordados, tal vez, por estos hechos u otros. Y así se irá eternizando la memoria con rasgos particulares, con una marca en especial que lo coloca como único, a pesar de ser un animal social que podría ser homogéneo, ahí está atributo característico, ahí es cuando aparece la reconfirmación del individuo, del “Yo”, soportado por el grupo. La memoria entonces cumple en esto, una presencia alargada del fallecido en la mente de cada individuo, pero editado y al mismo tiempo que deja una versión en la evidencia de existencia.

¿Pero no es acaso el recordar tanto, el tener tanta herramienta para asegurar ese proceso, no sólo una forma de hacernos mirar lo que habíamos olvidado, sino una forma de trascender tu corto momento de existencia? Varias cosas indican eso, una de esas es que la foto que tomas fuera de recordar el momento se la piensas mostrar a tus nietos y con suerte que permanezca varias generaciones en la familia, tal como las alhajas que las viejas cuicas1 que las heredan a las que serán viejas cuicas, agregando el mito que el alma y personalidad quedan en el objeto.

En el luto, por otra parte, es cierto que los psicólogas(os) de moda hipotetizan sobre la verbalización y el duelo como proceso de sanación, pero para mi hay otra verdad escondida, otro pulsante hecho que no se mira tanto por culpa de la promesa charlatana de eternidad no comprobada, que hace dar vuelta el rostro a lo evidente y es tan común en las tierras hispanoparlantes; es que en estas fiestas del llanto no se hace más que evidenciar la realidad frente a tu cara, con el más potente “In your face” muestran una poderosa REALIDAD:

Tu muerte refleja mi próxima muerte, es el espejo de mi propia limitada existencia, la fecha de caducación escrita secretamente bajo tu piel, que a pesar de los esfuerzos eterninstas del clérigo, no es más que UNA corta vida, con mucho para producir.

Es aquí donde la memoria en todas sus formas toma la fuerza de necesidad, de obsesión, en que mezcla el rasgo personal además del grupal, el hecho que no solo debo dejar descendencia, sino también debo dejar mi personalidad plasmada en la historia, haber sido un aporte al desarrollo del grupo para que me recuerden, en una forma de eternidad virtual si se quiere, pero un poco más concreta que la ilusión por edenes falsos. En este contexto da lo mismo si fuiste el Dalai-Lama, Marie-Curie, el comunicador perfecto, haber sido una mierda buena onda2 o un perquin3 pedante, lo concreto es que lo FINITO de nosotros -a pesar de tanto cacareo por vidas eternas o reincidentes- es lo REAL y determinado, que por supuesto requiere un esfuerzo que se convierte en obsesión, el esfuerzo por recordar y dejar huella...¿CUÁL ES TU HUELLA?

Alfredo Toño Silva M.
05-09-2011
1Cuica(o) se llama a la persona con mucho dinero, esta palabra tienen carácter despectivo.
2Parte de la letra de la canción del grupo chileno Los Prisioneros “Nunca quedas mal con nadie”.
3 Se llama así al esclavo ilustrado al estilo mayordomo o alguien que cumple la función de mandado, el calificativo viene de la creencia popular que la mayoría de los mayordomos ingleses tienen el nombre o apellido Perkins.

1 comment:

  1. Alex Diaz (kaizernegro)September 14, 2011 at 11:06 PM

    Hola Toño, felicitaciones por tu Blog… está bastante interesante el tema… ¿cómo enfrentamos la muerte muchos de nosotros?
    Me gusto mucho esa parte que dice:
    “Tu muerte refleja mi próxima muerte, es el espejo de mi propia limitada existencia”
    Él respeto que mostramos ante un hecho de esta naturaleza, es básicamente porque sabemos que existe la posibilidad de que seamos nosotros mismos, él próximo en enfrentar la muerte... Más allá de que sea un ser querido él difunto a quien despedimos.
    Espero que sigas escribiendo.
    Un abrazo.

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